Beatriz

No pienso ir a buscarte a las puertas del infierno, no voy a ir a recibirte cuando tengas aún el fuego de tu viaje en los ojos, el alma erizada, las palabras cayéndosete de los labios. Es mejor que llegues solo y en silencio. Que te entristezcas, que pienses que para qué todo si no estoy yo allí al final, para qué el descenso a las tinieblas, para qué la luz de Dios. Y que eches luego a andar sin rumbo, cansado, herido, ofendido, frustrado. Que las palabras te quemen la lengua al principio, y que vayan anidando después, con dolor, en cada rincón de tu ser. Encontrando sus huecos, encajándose entre tus células. Que camines y camines hasta que el cansancio vaya calmando, poco a poco, tu furor. Y que llegues a casa, sin saber cómo, una tarde cualquiera, cuando ya casi me hayas olvidado. El agua estará caliente y yo te estaré esperando, desnuda, tuya, dispuesta a recibir, ahora sí, tu brillante vestido de palabras maduras.

 

(Foto: Ellen Auerbach, Sulpher Bath at Big Sur, 1949)

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2 comentarios to “Beatriz”

  1. Prefiero la estética más poética “cayendo de tus labios” que “cayéndosete”. Aparte eso, me parece sencillamente magistral y profundamente literario. Hay que conocer mucho los mundos de Dante que están en nuestro interior para escribir eso…mi felicitación, y mis respetos.

    Juanjo.

  2. “cayendo de tus labios” me gusta más.
    Es sublime Miguel.

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